Con frecuencia en la MAK nos preguntamos por quĂ© la democracia sigue gozando de prestigio. En democracia vale lo mismo un burro que un gran profesor, lo mismo un ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador. ¿Por quĂ© en un paĂs (¿en un mundo?) donde la antipolĂtica ha sido sembrada con tanto Ă©xito, no se ha logrado socavar el prestigio de la democracia?
¿No serĂa más fácil defender una aristocracia, cuyos gobernantes se han preparado desde la infancia para ocupar el puesto y lo harán para toda la vida? ¿Gobernantes entrenados para emprender polĂticas de largo plazo sin los vaivenes electorales, que no tienen que rebajarse a pronunciar promesas demagĂłgicas?
Mientras nos lo seguimos preguntando, escribimos este manual.
La militancia pasiva se ejerce en las cenas de amigos, en la cola de la verdulerĂa, en el colegio, en la oficina de Aberel, en otras oficinas. Hay que saber detectar los “momentos de opiniĂłn” que surgen inesperadamente, y que nos permiten mechar un comentario capaz de sugerir la existencia de otras opiniones tan humanas como las más difundidas.
No hace falta ganar el debate. Basta con instalar la idea de que las interpretaciones difundidas como verdades Ăşnicas y reveladas son apenas una opiniĂłn entre otras y que cada uno tiene el derecho (y hasta la obligaciĂłn) de construir la propia.
Creemos que tolerancia es hija de la incertidumbre, por eso fomentamos la incertidumbre como antĂdoto. DeberĂamos poder estar seguros de ciertas cosas, que no nos quepan dudas, que las sostengamos como verdades absolutas, actuemos como si lo fueran pero sin por eso dejar de entender que la realidad podrĂa ser otra. Recordar que la realidad es incierta es mantener una luz roja siempre encendida que nos disuadirá cada vez que vayamos a romper algo irrecuperable, basados en nuestras convicciones.
La certeza de Abraham es solo un valor en la biblia, en la realidad es peligrosa. Y por lo general, los Abraham de carne y hueso suelen tener certezas pero las tienen para sacrificar al hijo del vecino. Pareciera que en el siglo XXI se escuchan más fáciles las voces que invitan a sacrificar al otro.
El objetivo no es asegurar, sino “des-asegurar”. Dejar claro que la polĂtica es materia opinable, donde todos (inclusive pusilánimes como nosotros) tenemos derecho a opinar, obligaciĂłn de opinar y que nuestra opiniĂłn, para sorpresa nuestra en cada elecciĂłn vale lo mismo que la de Mariano Grondona.
Existen frases gatillo que deberĂan activar nuestra respuesta militante.
Algunas son francamente ofensivas y sĂłlo se toleran porque la repeticiĂłn las ha naturalizado. Es un deber no sĂłlo de militante, sino de ciudadano, impedir que se instalen, se naturalicen, sin al menos requerir una argumentaciĂłn.
“En este paĂs no trabaja el que no quiere” reduce a todos los desempleados a la condiciĂłn de larvas sin voluntad de progresar. El sujeto activo de la desocupaciĂłn es el desocupado, no es la polĂtica macro, las grandes decisiones de invertir o no en un paĂs, no es tampoco la historia padecida por cada uno, sino que es la propia falta de voluntad del desempleado.
Ante este comentario, debemos mencionar el caso de una tĂa o un amigo que busca trabajo y no consigue. Personalizar al sujeto del prejuicio. Como muchos antisemitas que reconocen que ¨ese judĂo es distinto¨ cuando le ponemos cara a su prejuicio, muchos de los que sostienen estas frases filo-nazis aceptaran sin reformular su frase, que ¨ese desocupado es un caso diferente¨.
“Con la AUH van a parir como conejos” pareciera indicar que una madre pobre tiene hijos por plata. Además de cruel, es idiota: ¿cuánto le puede sobrar de los 200 pesos que recibe despuĂ©s de pagar alimentos y cuidados mĂnimos? Si no lo alimenta, perderĂa su gallina de los huevos de oro.
“Con los planes, ya nadie quiere trabajar” sugiere que todo padre desempleado no desea progresar y renuncia voluntariamente a brindarles a los suyos una mejor calidad de vida. Sin embargo, llueven postulantes cuando aparece publicado un aviso de empleo digno, con sueldo en blanco. La desocupaciĂłn baja, lo que implica que muchos de los tenedores de planes toman la decisiĂłn de trabajar. La vigencia de planes ayuda a proteger a los adultos del trabajo esclavo. La frase dice en realidad ¨Con los planes, ya nadie puede esclavizar¨ y por eso protestan.
“Los piqueteros ni saben por quĂ© paran” sugiere que los marginales y olvidados paran dĂas a la intemperie per codere. SĂłlo quienes reclaman por el corralito o por la soja saben por quĂ© lo hacen. Quienes caminan al lado de Blumberg entienden por quĂ© lo hacen, quienes siguen a D´Elia son manipulados por un pancho y una coca.
“No tiene porquĂ© robar” (en referencia a un rico) plantea alegremente que el delito es monopolio de las personas con bajos recursos. Se trata de otra estupidez de prejuicioso e ignorante ya que la historia está plagada de estafadores que eran ricos antes de su Ăşltimo atraco. Si el robo fuese potestad exclusiva de los más pobres, serĂa una gran vĂa de igualaciĂłn. Por desgracia, no lo es.
Nuestro objetivo es romper la idea de que “todos somos antiK” o que “todo serio es antiK”. Esta es la batalla.
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¿No serĂa más fácil defender una aristocracia, cuyos gobernantes se han preparado desde la infancia para ocupar el puesto y lo harán para toda la vida? ¿Gobernantes entrenados para emprender polĂticas de largo plazo sin los vaivenes electorales, que no tienen que rebajarse a pronunciar promesas demagĂłgicas?
Mientras nos lo seguimos preguntando, escribimos este manual.
La militancia pasiva se ejerce en las cenas de amigos, en la cola de la verdulerĂa, en el colegio, en la oficina de Aberel, en otras oficinas. Hay que saber detectar los “momentos de opiniĂłn” que surgen inesperadamente, y que nos permiten mechar un comentario capaz de sugerir la existencia de otras opiniones tan humanas como las más difundidas.
No hace falta ganar el debate. Basta con instalar la idea de que las interpretaciones difundidas como verdades Ăşnicas y reveladas son apenas una opiniĂłn entre otras y que cada uno tiene el derecho (y hasta la obligaciĂłn) de construir la propia.
Creemos que tolerancia es hija de la incertidumbre, por eso fomentamos la incertidumbre como antĂdoto. DeberĂamos poder estar seguros de ciertas cosas, que no nos quepan dudas, que las sostengamos como verdades absolutas, actuemos como si lo fueran pero sin por eso dejar de entender que la realidad podrĂa ser otra. Recordar que la realidad es incierta es mantener una luz roja siempre encendida que nos disuadirá cada vez que vayamos a romper algo irrecuperable, basados en nuestras convicciones.
La certeza de Abraham es solo un valor en la biblia, en la realidad es peligrosa. Y por lo general, los Abraham de carne y hueso suelen tener certezas pero las tienen para sacrificar al hijo del vecino. Pareciera que en el siglo XXI se escuchan más fáciles las voces que invitan a sacrificar al otro.
El objetivo no es asegurar, sino “des-asegurar”. Dejar claro que la polĂtica es materia opinable, donde todos (inclusive pusilánimes como nosotros) tenemos derecho a opinar, obligaciĂłn de opinar y que nuestra opiniĂłn, para sorpresa nuestra en cada elecciĂłn vale lo mismo que la de Mariano Grondona.
Existen frases gatillo que deberĂan activar nuestra respuesta militante.
- “SĂłlo saben robar”.
- “Nos tienen acostumbrados a esto”.
- “No trabaja el que no quiere”.
- “Fomentan la cultura del no trabajo”.
Algunas son francamente ofensivas y sĂłlo se toleran porque la repeticiĂłn las ha naturalizado. Es un deber no sĂłlo de militante, sino de ciudadano, impedir que se instalen, se naturalicen, sin al menos requerir una argumentaciĂłn.
“En este paĂs no trabaja el que no quiere” reduce a todos los desempleados a la condiciĂłn de larvas sin voluntad de progresar. El sujeto activo de la desocupaciĂłn es el desocupado, no es la polĂtica macro, las grandes decisiones de invertir o no en un paĂs, no es tampoco la historia padecida por cada uno, sino que es la propia falta de voluntad del desempleado.
Ante este comentario, debemos mencionar el caso de una tĂa o un amigo que busca trabajo y no consigue. Personalizar al sujeto del prejuicio. Como muchos antisemitas que reconocen que ¨ese judĂo es distinto¨ cuando le ponemos cara a su prejuicio, muchos de los que sostienen estas frases filo-nazis aceptaran sin reformular su frase, que ¨ese desocupado es un caso diferente¨.
“Con la AUH van a parir como conejos” pareciera indicar que una madre pobre tiene hijos por plata. Además de cruel, es idiota: ¿cuánto le puede sobrar de los 200 pesos que recibe despuĂ©s de pagar alimentos y cuidados mĂnimos? Si no lo alimenta, perderĂa su gallina de los huevos de oro.
“Con los planes, ya nadie quiere trabajar” sugiere que todo padre desempleado no desea progresar y renuncia voluntariamente a brindarles a los suyos una mejor calidad de vida. Sin embargo, llueven postulantes cuando aparece publicado un aviso de empleo digno, con sueldo en blanco. La desocupaciĂłn baja, lo que implica que muchos de los tenedores de planes toman la decisiĂłn de trabajar. La vigencia de planes ayuda a proteger a los adultos del trabajo esclavo. La frase dice en realidad ¨Con los planes, ya nadie puede esclavizar¨ y por eso protestan.
“Los piqueteros ni saben por quĂ© paran” sugiere que los marginales y olvidados paran dĂas a la intemperie per codere. SĂłlo quienes reclaman por el corralito o por la soja saben por quĂ© lo hacen. Quienes caminan al lado de Blumberg entienden por quĂ© lo hacen, quienes siguen a D´Elia son manipulados por un pancho y una coca.
“No tiene porquĂ© robar” (en referencia a un rico) plantea alegremente que el delito es monopolio de las personas con bajos recursos. Se trata de otra estupidez de prejuicioso e ignorante ya que la historia está plagada de estafadores que eran ricos antes de su Ăşltimo atraco. Si el robo fuese potestad exclusiva de los más pobres, serĂa una gran vĂa de igualaciĂłn. Por desgracia, no lo es.
Nuestro objetivo es romper la idea de que “todos somos antiK” o que “todo serio es antiK”. Esta es la batalla.
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